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Aquella mañana se desvelaría el misterio que se encontraba bajo aquella sábana. La tela custiodaba el fresco y la inscripción que proclamaba al nuevo rey, uno de los hijos de Hagia.

Bajo la pintura, presidida por sus tres valientes hijos, cazadores y navegantes, y sus tres esposas se podía leer: “No le busquéis a él. Buscad sus actos. No busquéis a Renon, buscad su escalinata”.

Todo el mundo aseguraba que Renón, criado del rey Hagia, habría sido el mejor Rey del Imperio Cretense sino hubiera aparecido ahorcado con la sábana que custiodaba el lienzo y su inscripción, donde se podía leer:

“Los cobardes sólo sabemos servir a un rey, nunca a un pueblo”. lib

Mis 100 escritos favoritos. Luis Barrero.

01 El Cementerio Marino.Paul Valery
02 El Extranjero. Albert Camus
03 El Principito. Saint Exupery
04 La Espuma De Los Dias. Boris Vian
05 Alicia En El Pais De Las Maravillas. Lewis Carroll
06 Caligramas. Guillaume Apollinaire
07 Libro De Pasajes. Walter Benjamin
08 Husos. Chantal Maillard
09 Ficciones. Jorge Luis Borges
10 El Amante. Marguerite Duras
11 Las Flores Del Mal. Charles Baudelaire
12 Especies De Espacios. Georges Perec
13 Nadja. André Breton
14 Poeta En Nueva York. Federico Garcia Lorca
15 Buenos Dias Tristeza. Francois Sagan
16 Penas Del Joven Werther. Johann Wolfgang Goethe
17 Antología Poética. Mario Benedetti
18 Antología Poética. Arthur Rimbaud
19 La Insoportable Levedad Del Ser. Milan Kundera
20 Relatos Completos. Virginia Woolf
21 A Traves Del Espejo. Lewis Carroll
22 Antología Poética. Stephan Mallarmé
23 La Habitacion Cerrada. Paul Auster
24 Hilos. Chantal Maillard
25 13,99 Euros. Frédéric Beigbeder
26 Antología Poética. Luis García Montero
27 El Inmoralista. André Gide
28 El Aleph. Jorge Luis Borges
29 Mr. Vertigo. Paul Auster
30 Alcoholes. El Poeta Asesinado Guillaume Apollinaire
31 Musica De Cañerias. Charles Bukowski
32 Rayuelajulio Cortazar
33 La Obra De Arte Desconocida. Honore De Balzac
34 El Espejo De Las Ideas. Michel Tournier
35 La Decadencia De La Mentira. Oscar Wilde
36 Microsiervos. Douglas Coupland
37 Ulises. James Joyce
38 Estupor Y Temblores. Amélie Nothom
39 Leviatán. Paul Auster
40 Lobo Estepario. Hermann Hesse
41 Pensar /Clasificar. Georges Perec
42 El Guardian Entre El Centeno. J.D. Salinger
43 Madame Bovary. Gustave Flaubert
44 Antología Poética. Fernando Pessoa
45 En Busca Del Tiempo Perdido. Marcel Proust
46 La Educacion Sentimental. Gustave Flauvert
47 El Amor Y La Poesia. Paul Eluard
48 Los Niños Terribles. Jean Cocteau
49 Historia Abreviada De La Literatura Portatil. Enrique Vila-Matas
50 La Vida Instrucciones De Uso. Georges Perec
51 El Corazon De Las Tinieblas. Joseph Conrad
52 El Retrato De Dorian Gray. Oscar Wilde
53 Antología Poética. Walt Whitman
54 Libro De Desasosiego. Fernando Pessoa
55 Grandes Esperanzas. Charles Dickens
56 Gregerías. Ramón Gómez De La Serna
57 Lolita. Vladimir Nabokov
58 Yo Acuso. Emile Zola
59 Las Cosas. Georges Perec
60 La Broma. Milan Kundera
61 Las Babas Del Diablo. Julio Cortazar
62 Factotum. Charles Bukowski
63 Ejercicios De Estilo. Raymond Queneau
64 Cuentos Imprescindibles. Anton Chejov
65 El Primer Trago De Cerveza. Phillipe Delerm
66 El Túnel. Ernesto Sábato
67 Laura Y Julio. Juan Jose Millas
68 Antología Poética. José Hierro
69 Diccionario Abreviado Del Surrealismo. Andre Breton
70 El Teniente Gustl. Arthur Schnitzler
71 Fantasmas. Paul Auster
72 Neuroamante. William Gibson
73 Jackson Pollock. Steven Naifeh
74 El Palacio De La Luna. Paul Auster
75 Duchamp. Calvin Tomkins
76 Cuentos Imprescindibles. Edgard Allan Poe
77 Retrato Del Artista Adolescente. Henry James
78 El Hombre Sin Atributos. Robert Musil
79 El Cuaderno Gris. Josep Pla
80 Eupalinos O El Arquitecto. Paul Valery
81 Don Quijote De La Mancha. Miguel De Cervantes
82 Niebla. Miguel De Unamuno
83 Las Cudades Invisibles. Italo Calvino
84 Antología Poéticagia. Giacomo Leopardi
85 Orgullo Y Prejuicio. Jane Austen
86 Ciudad De Cristal. Paul Auster
87 Flatland. Edwin A. Abbott
88 Tristam Shandy. Laurence Sterne
89 1984. George Orwell
90 Esperando A Godot. Samuel Beckett
91 El Arbol De La Ciencia. Pio Baroja
92 El Perfume. Patrick Suskin
93 Entrevistas Breves Con Hombres Repulsivos. E. Foster Wallace
94 El Baron Rampante. Italo Calvino
95 El Hombre Que Confundio A Su Mujer Con Un Sombrero. Oliver Sacks
96 El Amante De Lady Chatterley. D.H.Laurence
97 Sin Noticias De Gurb. Eduardo Mendoza
98 La Cantante Calva. Eugene Ionescu
99 El Principe Destronado. Miguel Delibes
100 Un Mundo Feliz. Adolf Huxley

Mis 25 películas favoritas. Luis Barrero.

01 Le Mépris. J.L.Godard
02 Amanecer. F.W.Murnau
03 El acorazado Potemkin. Serguei Eisenstein
04 Paris,TexasWim.Wenders
05 Leolo. Jean Claude Lauzon.
06 Deseando amar. Wong.Kar.Wai
07 NostalghiaAndrei.Tarkovski
08 El desierto rojo. Michelangelo Antonioni.
09 El último. F.W.Murnau.
10 El año pasado en Marienbad. Alain.Resnais.
11 Amelie. J.P.Jeunet.
12 Caro Diario. Nanni Moretti.
13 Annie Hall. Woody Allen.
14 Lost in translation. Sofia.Coppola.
15 El último tango en Paris. Bernardo.Bertolucci.
16 Citizen Kane. Orson.Welles.
17 Mi tíoJaques.Tati.
18 Broken Blossoms. Jim.Jarmusch.
19 Blow up. Michelangelo Antonioni.
20 Wedlock House: An Intercourse.Stan.Brakage.
21 Buenos dias. Yasujiro.Ozu.
22 The Matrix. Hnos.Wachowski.
23 En construcción. J.L.Guerín.
24 El Cocinero, el ladrón, su mujer y su amante. Peter.Greenaway.
25 Bande a part. Jean Luc Godard.

Mis 30 cuadros favoritos. Luis Barrero.

01 La habitación roja Henri Matisse 1908 San Petersburgo.
02 Las meninas Diego Velázquez 1656 Madrid.
03 Cuadrado negro Kasimir Malevitch 1923-29 San Petersburgo
04 Suite Vollard Pablo Picasso 1939 Paris
05 El arte de pintar Johannes Vermeer 1665 Viena
06 Estudio para retrato de James Lord Alberto Giacometti 1964 Paris,Londres
07 La más grande zambullida David Hockney 1967 Londres
08 Blanco sobre blanco Kasimir Malevitch 1918 Nueva York
09 Carreteras y caminos Paul Klee 1929 Munich
10 Noctámbulos Edward Hopper 1942 Chicago
11 Homenaje al cuadrado Josef Albers 1949-58 Conneticut
12 Pianista y jugadores de damas Henri Matisse 1924 Washington
13 Figura sentada Francis Bacon 1961 Londres
14 Marina (nublada) Gerhard Richter 1969 Baden-baden
15 Perspectiva con pórtico Canaletto 1765 Venecia
16 Serie Carceri G. B. Piranesi 1720-78 Roma
17 Hombre sentado leyendo Rembrandt 1628-30 Londres
18 La pequeña calle Johannes Vermeer 1657-61 Amsterdam
19 La llave de los campos Rene Magritte 1936 Madrid
20 Planeta 66 Takashi Murakami 2003 Tokio
21 Piscina con dos figuras David Hockney 1971 Nueva York
22 El deber de una madre Pieter de Hooch 1658-60 Amsterdam
23 Vista de un pasillo S. V. Hoogstraten 1662 Gloucestershire
24 Teatro doméstico J. Navarro Baldeweg 1993 Madrid
25 Luz blanca Torben Giehler 2004 Munich
26 Sin City Frank Miller 1991 Los Angeles
27 La casa J. Navarro Baldeweg 1985 Valladolid
28 Caja de Ahorros Richard Estes 1975 Kansas City
29 La niña del globo rojo Bansky 2001-03 Londres
30 La tentación de la gran ciudad Hugh Ferris 1922 Nueva York

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Portugal

Costa Nova.
Es mi sitio favorito de Portugal porque no existe. No da al mar, ni da  a la ría. No hay colores, hay niebla, no hay texturas, hay contrastes deslumbrados y deslumbrantes. No sé cual es su escala, no sé cómo son sus habitantes, no sé a qué huelen sus calles, ni si es agradable o no pasear por ella. No sé si es divertida o aburrida, si es una ciudad costera o de interior, no sé nada de nada de Costa Nova…¡qué ciudad tan maravillosa!.
Aveiro.
Hay agua en sus canales, hay agua en sus rías, hay agua en su mar, hay agua en su lluvia. Aveiro te moja y te agua la vida.
Sintra.
No sé si las arcadas fueron debidas a la sinuosidad de las curvas de la carretera de acceso, o a esa tan particular belleza irracional. L.I.B. Enero 2008

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Lisboa

postal superficial: Lisboa.
Aquí siempre se camina mirando al pavimento, o cuesta arriba, o cuesta abajo. Es curioso que sea una de las ciudades con uno de los pavimentos peores del mundo. Lisboa llora, pero no te hace llorar. Te gusta recorrerla de la misma forma que te gusta consolar a alguien. Porque Lisboa llora sonriendo, ojos tristes, sonrisa inteligente. Paseas, lentamente, frenado por la humedad de las calles. Calles sucias que huelen a limpio, dónde solo amanece o atardece, dónde todo el mundo es mayor, es muy mayor, hasta las adolescentes. Lisboa es demasiado mayor para cambiar,  te da cariño y te sonríe aunque no sea feliz. Amo Lisboa porque cuando estoy aquí es como si estuviera en casa de mi abuela, estoy bien, estoy tranquilo, estoy feliz… L.I.B. Enero 2008

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Oporto

postal superficial: Oporto.
Hay  ciudades, como hay mujeres, que te atraen físicamente, pero que te caen mal. Oporto me cae mal. Me siento a gusto porque es bella , de la misma forma que te sientes a gusto cuando haces reir a una tia buena, bienestar únicamente mantenido por la esperanza de que en algún momento la distancia entre ambos desaparezca. Yo, aquí, de momento, mantengo las distancias, y ya es la tercera vez que la  s.oporto, y volveré, porque me sigue atrayendo… L.I.B. Enero 2008

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La Habana

postal superficial: La Habana.Cuba.
Ciudad de los “casis”. Casi auténtica inmersa en su simulacro visitado, casi verdadera inmersa en una eterna mentira, casi comunista inmersa en su capitalismo varadero, casi inocente inmersa en su mafia interesada. Casi alegre en su genética, casi triste en su alegría figurada, casi espontánea  en su ritmo instintivo, casi rayada en su música institucionalizada. Mulatas casi auténticas, casi verdaderas, casi comunistas, casi inocentes, casi alegres, casi tristes, casi espontáneas, casi rayadas (casi negras, casi blancas, casi negras, casi blancas )…L.I.B. Julio 2007

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Berlín

postal superficial: Berlín.Alemania.
De noche es una incisión, una herida que sangra, y una sangre que alimenta a toda persona vampirizada de nuevas emociones. De día es una cicatriz, una pequeña señal que anula cualquier intento de identidad. De noche es una ciudad de artistas. De día es una ciudad de ingenieros. De noche es cálida, coloreada, multicultural, provocativa, reflexiva, lista. De día es fría, gris, encorbatada, previsible, ejecutiva, inteligente. Por la noche la lengua alemana se dulcifica, la ciudad tomada por los medios de transporte pasa a estar  tomada por el peatón, llenando los enormes espacios vacíos, dotándola de una escala más humana, los gestos civilizados, educados, automáticos de los alemanes se tornan espontáneos,  la sonrisa congelada se vuelve risa por el futuro,llanto por el pasado… L.I.B. Septiembre 2007

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Goteborg

postal superficial: Goteborg.Suecia. 
Las langostas suecas no ven ni oyen mucho, pero si tienen un sentido del tacto exquisito, facilitado por cientos de miles de pelitos diminutos que les sobresalen a través del caparazón. La langosta sueca, aunque encerrada en lo que parece una armadura sólida e impenetrable, puede recibir estímulos e impresiones del exterior con tanta facilidad como si poseyera una piel blanda y delicada,…ahhhh..la langosta sueca….L.I.B. Octubre 2008

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Aix en Provence

postal superficial:Aix en Provence, Francia. 
Conozco la ciudad que tú no conoces. Tú, luz diurna que manchas de amarillo las viejas escenas urbanas alojándote  en azules. En mi caso no hay luz, hay luces, nocturnas, muchas, de colores, de Navidad, de ferias, de restaurantes con menús provenzales. Hay calles y plazas irregulares iluminadas de forma regular, torres iluminadas desde abajo con luz blanca, iglesias negras oscurecidas con  luz de velas, terrazas con toldos para protegerse del frío, chupitos como aperitivos, rubias generosas, sonrisas heladas, cafés cerrados…Amo la ciudad invertida, de luces invertidas, de temperaturas invertidas, de costumbres invertidas…Pas de pain!!!…eso sí…si no hay pan…me voy!!!. L.I.B. Septiembre 2008

Lo prometido es deuda

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Hace una semana Mario Vargas Llosa ganó el premio Nobel de literatura y Cecile su apuesta. Le escribo un email reconociendo su victoria y me comprometo a cumplir lo acordado en París hace siete años. Le debo un bocadillo, nuestro favorito. Lo tomaremos donde siempre, en nuestras sillas del Jardín de Luxemburgo, estoy seguro de que siguen allí, esperándonos en la misma posición que las dejamos el último día. Cecile no contesta el email, estoy acostumbrado, no le doy importancia.

Esta mañana recibo una carta de París, es de Cecile. Me manda una foto suya en el Festival de cine de Cannes, y me escribe comunicándome su defunción, describiendo sus virtudes en vida. Yo castellano, acostumbrado al luto y al llanto en los entierros me ponía enfermo cada vez que Cecile hacía una gracia con un tema como el de la muerte, ella insistía, le encantaba hacerme rabiar. “No ha cambiado”, pensé, “cómo me conoce”. Le contesto de la misma forma, escribiendo a mano una carta, creo que hace años que no lo hago, no sé por dónde empezar. Decido abrir una carpeta con recuerdos, repaso las notas que me metía por debajo de la puerta todas las mañanas.

Cecile y yo fuimos vecinos en una residencia en el centro de París en el verano del 2003 durante 14 días. La conocí una tarde mientras yo intentaba traducir un texto del francés en mi habitación. Mi puerta estaba abierta y ella pasaba a tirar la basura y le llamó la atención un plano de París gigantesco que tenía colgado, marcado con varias rutas que salían de la residencia como los radios de una bicicleta hasta la periferia. Cada ruta tenía una fecha, un horario, y unos edificios a visitar. Entendió que yo debía ser arquitecto o estudiante de arquitectura:“Los arquitectos, solo pensáis en arquitectura”, dijo. “Gilipollas”, pensé. Había entrado en mi cuarto sin llamar, sin saludar, sin presentarse, y encima la bolsa de basura goteaba ligeramente. La miré e hice como que seguía con mi traducción hasta que se fue.

Fui a París con la intención de aprender francés. A los pocos días me di cuenta de que aprendía mucho más fuera de las aulas. Me hice unas rutas que encadenaban lugares de interés para mí. No edificios de arquitectos, sino lugares, espacios de películas y de directores, de novelas y escritores, de ensayos y filósofos, de fotografías y fotógrafos, de pinturas y pintores…Estaba convencido que experimentando estos espacios entendería mejor  las obras y a sus autores.

Dos días después llamaron a la puerta, ahora ya cerrada, mi miedo a que se colara gente como Cecile era mayor que mis ansias de establecer comunicación. Abrí, era ella: “Sé que hoy vas a hacer la ruta por Montparnasse, me apetece acompañarte, parece interesante, por cierto, soy Cecile”, y me cogió la mano y la estrechó. Le di dos besos, “Te jodes” pensé, “en mi país se dan dos besos que no comprometen a nada”. La verdad es que no me apetecía nada irme con ella a ningún sitio, era una auténtica imbécil, pero esta vez no pensé con la cabeza, ni con el corazón, estaba guapísima, le dije que sí.

Cecile tenía unos ojos claros y una sonrisa fascinante, ambos coordinados perfectamente; cuando sonreía, los ojos empezaban a achinarse, hasta que desaparecían cuando su boca tomaba todo el protagonismo en la carcajada, y al revés, cuando se sorprendía, los ojos se hinchaban e inundaban de luz la habitación mientras su boca se empequeñecía intentando pasar desapercibida. Su cuerpo dominado por la curva, perfectamente proporcionado era generoso donde tenía que serlo. Cecile odiaba su belleza, su cara y su cuerpo. Se maquillaba intentando desequilibrar sus facciones, domesticaba la fuerza de su melena morena con moños, pinzas, horquillas, plegados imposibles, negaba el atractivo de su cuerpo vistiendo ropa holgada, ropa de hombre, toda aquella ropa que no permitiera acotar su cuerpo y juzgarlo.

Aquella mañana, Cecile apareció con la cara lavada, y con un jersey de punto fino y un pantalón pirata, ambos ajustados. Le dije que sí. Comenzamos la ruta, se esforzaba por caerme bien, y sabía mucho más que yo de los espacios, las obras y los autores que visitábamos, aquello me sorprendió, se explicaba con una familiaridad extraña, como si los conociera de toda la vida, como si todo aquel conocimiento lo hubiera adquirido de una forma natural. Después entendí que ella era francesa y yo español, que para ella el conocimiento y el debate era algo ordinario. Cecile hablaba español bastante bien, era de Marsella, y había crecido con españoles. Yo seguía hablando muy mal francés, aunque lentamente mejoraba. Tras la ruta le acompañé a su cuarto, me despidió con un beso y un portazo.

Los días, las rutas, y las conversaciones pasaban. Mi memoria era visual, la suya era literaria. Yo me había formado con los videojuegos y la televisión, ella con los libros. Cuando llegábamos al lugar yo analizaba si se parecía al espacio por mi imaginado, ella situaba a sus personajes en ese espacio, imaginaba la escena, y disfrutaba cuando descubría que era coherente. Yo pensaba en espacios, ella lo hacía en personajes. A ella le apasionaba la literatura hispanoamericana y a mí la francesa. Apostamos a quién le darían antes el Nobel a Vargas Llosa o a Proust, ella tenía todas las de ganar, por eso solo aposté un bocadillo. Intercambiamos autores, pinturas, citas, reflexiones, películas… Discutíamos y nos reíamos mucho. Éramos muy distintos. Ella vivía la vida como una película, todo tenía algo de interesante, todos eran personajes con un interior escondido, apasionante, lleno de sorpresas. Yo sabía que la vida real y la imaginada no tenían nada que ver, era mucho más pragmático. Cecile se enfadaba muchísimo cuando veía que podía dedicar una gran cantidad de tiempo a hacer actividades que simplemente eran útiles. Yo era más responsable y no me costaba mucho cumplir con mi obligación. Ella se rebelaba ante todo, hasta que entendía que era ridículo rebelarse por rebelarse. Pasábamos tardes enteras encerrados en mi habitación, y cada noche, Cecile me premiaba dejándome ir algo más allá del beso, para lo revolucionaria que era en la mayoría de las cosas, era tremendamente clásica en los temas de seducción, marcando sus distancias, sus protocolos.

Los dos sabíamos que aquella noche era nuestra última noche. Durante nuestro último paseo no dijimos una sola palabra. Estábamos a gusto incluso sin hablar. Por primera y última vez pasamos la noche juntos en mi habitación. Cuando desperté ella ya no estaba. En su habitación sonaba “Always on my mind” cantada por Elvis Presley, y de repente, paró.  Un portazo, y sentí como se acercaba a mi puerta y  metía por debajo su última nota. Esperé a que se fuera. La leí, le contesté con otra nota y me fui. Dejé Paris. Intercambiamos emails, y nos escribíamos, cada vez menos, hasta que solo fuimos una dirección más en una lista de correos.

Todos estos recuerdos me permitieron contestar su carta, escribiendo, despacio, y sin corregir una sola palabra. Creo que ahora escribo un poco mejor que entonces, espero que ella haya mejorado sus dibujos. Terminada la carta busco su dirección, su carta no tiene remite, busco en internet su nombre completo. Me lleva a la noticia de una desaparición, pincho, por si fuera ella, y allí aparece su foto del Festival de Cannes. La noticia cuenta que Cecile lleva desaparecida dos días, me parece poco tiempo siendo ella. Cuentan que es funcionaria del Ministerio de Cultura de Francia, (me hace gracia sabiendo el odio que tenía a los funcionarios de su país, especialmente a los de cultura), y que trabaja en Marsella, y que su novio, hace dos días que no la ve. Pienso en por qué los novios de mujeres tan inteligentes como Cecile tienen siempre una pinta inconfundible de calzonazos. Me doy cuenta de que en “noticias relacionadas”, aparece la noticia de que la han encontrado.

Cecile había cogido un tren, y había tardado dos horas en llegar a su destino. Se había dedicado a pasear por una zona espectacular de acantilados. Sigo leyendo y empiezo a preocuparme, el tono de la noticia cambia. Había ido a un punto específico que parecía que conocía bien, el punto más alto de la zona, y un punto al que solo se iba para una cosa, para matarse.

Mis pulsaciones empiezan a dispararse, se me corta la respiración, empiezo a sudar y sigo leyendo, Cecile estaba muerta. Se había suicidado en uno de los muchos lugares que planeamos visitar juntos. Me levanté, no entendía nada, no me creía nada, “debe de ser otra Cecile”, pensé.

Me senté y seguí leyendo con detenimiento, buscando el dato que me dijera que aquella no era mi Cecile. Fue entonces cuando leí los extractos de sus diarios que aparecían publicados. Era ella. Me conocía al dedillo su forma de escribir, durante catorce días y aunque era muy celosa de su intimidad  me leía sus escritos y los discutíamos, confiaba en mí. No entendía como habían podido publicarlo, hasta que me enteré que sus diarios estaban en casa de una amiga, que le había prometido no exhibirlo bajo ningún concepto. Su amiga se derrumbó ante la presión policial y confesó que los tenía, del resto se encargaron los periodistas. ¿Y entonces?, la carta que me escribió, cuándo la envió. Revisando la carta me di cuenta, que no la firmaba ella, la firmaba su padre, en mi primera lectura solo me fije en el apellido. La carta era real, hablada de una defunción real, la de su hija. Poco tiempo después me enteré que es una costumbre muy común en Francia comunicar las defunciones a los amigos y conocidos con cartas escritas a mano. Supongo que los padres encontraron mi nombre y mi dirección en algún sitio.

Decidí entonces que debía hacer desaparecer todos los recuerdos que tenía de ella, debía salvaguardar su intimidad, y a mí, desde luego, ningún policía ni periodista me iba a intimidar. Lo quemé todo, y antes de echar el último sobre, la última nota que me escribió el último día, lo abrí y lo leí por última vez: “Luis, prométeme que hablarás de mi, de ti, de lo nuestro, de nuestra muerte, de nuestros sentimientos. Cecile”. Yo le contesté de la misma forma: “Lo prometo, Cecile. Y lo prometido es deuda. Luis”.

Me asusté, demasiadas casualidades, había olvidado ya lo que ponía la nota, lo recordaba simplemente como un juego inocente. A Cecile le encantaba retarme. Sabía que no me gustaba hablar de la muerte, ni de cosas tristes, ni por supuesto de mis sentimientos, y mucho menos en público. Ese fue su reto final, superar todo eso. Me la imagino ahora desafiante, mirándome fijamente, con el cuello tensionado, la barbilla levantada, sonriendo y entornando los ojos, ¡que teatrera era!. Pues ya lo he hecho Cecile, y creo que no tan mal. He hablado de ti, de mí, de lo nuestro, de tu muerte y de nuestros sentimientos, y en un medio mucho más público que un periódico, una red social, donde la mayoría de los que te leen te conocen. Deuda saldada. Me quedo más tranquilo. Sigo mi camino pensando que mereció la pena conocerte, Cecile. On y va.

 

L.I.B.  14 de Octubre de 2010

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Arroyomuerto

Postal superficial: Arroyomuerto.
En Arroyomuerto no ves…tocas,…hueles…oyes…saboreas…En Arroyomuerto no ves, sientes…No ves carretera, sientes frenazos que revelan acentuadas topografías. No ves pájaros sientes piar. No ves suelo, sientes las quejas de las hojas secas. No ves perros, sientes ladridos. No ves vacas, sientes cencerros. No ves musgos ni líquenes, sientes la humedad en tus retinas ya empañadas. No ves luz, sientes el calor del rayo inquisitivo. No ves vino, sientes los aromas de la última copa.  No ves árboles, sientes las batallas de sus hojas contra el viento. No ves castañas, sientes como maduran, caen y estallan en las brasas y en tu boca. No ves hamburguesas, sientes carnes que te visitan directamente desde el matadero para engrasar tu comisura. No ves pan, sientes la masa esponjosa de la hogaza. No ves amigos, sientes risas que el eco te devuelve en carcajadas. No ves arroyo muerto, sientes la vivísima corriente, que burla pozas, presas, regadíos…, y que te enseña que, a veces, se ve más y mejor siendo ciego. L.I.B. Noviembre 2009

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Los ojos no pueden cerrarse. Cerrarlos no soluciona nada. Por más que los cierres, no desaparecerá el problema. Al contrario, cuando vuelvas a abrirlos, las cosas habrán empeorado aún más. Así es el mundo en el que vivimos, Nakata. Tú mantén los ojos bien abiertos.

Haruki Murakami (Kafka en la orilla).

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pasado

Nunca soy tan consciente del paso del tiempo como cuando me encuentro con alguien que llevo años sin ver. No dejan de hablarme del pasado, no dejo de hablarles del presente, no dejan de hablarme del pasado, no dejo de hablarles del futuro, no dejan de hablarme del pasado, dejo de hablarles. LIB.

SA

Cita

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Creativity is just connecting things. When you ask creative people how they did something, they feel a little guilty because they didn’t really do it, they just saw something. It seemed obvious to them after a while. That’s because they were able to connect experiences they’ve had and synthesize new things. And the reason they were able to do that was that they’ve had more experiences or they have thought more about their experiences than other people.

Steve Jobs