Gerona

Una postal superficial es la descripción de una ciudad a través de primeras impresiones, imágenes automáticas, intuiciones… adquiridas en una visita rápida.

Postal superficial: Gerona.

El aeropuerto quiere ser parking, y la ciudad, candada, se abre con la obra de Eiffel, puente que aspira a levadizo, de cadenas traccionadas, recién enrojecidas. La muralla quiere ser fachada, multicoloreada, de algún pueblo pesquero, y el río, que es su foso, reivindica ser también su espejo. La plaza de la catedral quiere ser escalinata, grada agradable, pasarela, donde si subes lo ves todo, donde si bajas no ves nada… La balaustrada, cosida con bolardos, destroza a los skaters sus tobillos, y de paso, su belleza. La torre de la catedral mató a la otra torre, porque no quiere ser torre, quiere ser faro, y faro solo hay uno. La catedral, humilde y orgullosa, llena de cicatrices marcadas por la historia, quiere ser tan solo ermita. La Filmoteca, de triste monocromo, quiere que de un cartel de concierto aplazado salga Lourdes, pintándola de Russian Red, blanqueando de “iniesta” su piel tatuada, afeitando su barba de tres días, alegrando su pose pesada, fumada, reflexiva… anulando a sus “anti-todo” y sus “pro-nada”. La judería quiere fortalecer tus cervicales, y los pavimentos las plantas de tus pies, como las fortalecen los accesos a las calas, ahora arena seca…allí arena mojada de agua dulce, aquí, de agua salada…luego roca, y más allá, canto rodado… La ronda quiere estar abierta, porque siempre está cerrada. Los estudiantes, noctámbulos, quieren hacerte creer que estudian, llenando de olor a café todas las calles. Los muros, fuertemente texturados, quieren ser pavimento, y que la luz los acaricie, pero que ni se le ocurra reflejarse. Las calles estrechas, verticales, luchan por el primer plano, abriendo el cielo, cerrando el horizonte. El espacio público, perfecto en su diseño, quiere alojarse en zaguanes, soportales, patios interiores, jardines ricos, de mil verdes diferentes. La Rambla acogedora, con su rutina laborable, quiere huir a Barcelona, a ensanchar su mirada, a buscar su anonimato, a coger aire… Los camareros, argentinos, hartos de solo coger aire, quieren perder su acento hablando catalán. El catalán rico en matices y expresiones, cortando las palabras, dulcificando los agudos, quiere mirar más a Francia y menos a Castilla. Los tomates, pimientos, bacalaos, melocotones, llonganissas, cavas… no quieren nada, porque lo tienen todo. Los gironeses, de largos cuellos, de facción redondeada, de flequillo “a lo amelie” o rapaos “a lo guardiola”, de aire informal, de elegante movimiento, de gesto educado, de humilde orgullo, solo quieren hacerte sentir que esta siempre fue y será tu casa…nunca he tenido tan buenos anfitriones…me marcho emocionado y me despido, ciudad de gente inteligente...

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